Su estancia transcurrirá en una de las calles más antiguas y románticas de la capital. El alma de París se descubre paseando por el entramado de sus callejuelas. Al pasar un porche o al contemplar la fachada de un edificio, descubrirá a menudo una placa que narra el rico pasado del lugar o los grandes personajes que han vivido aquí o allá.
La historia cuenta que un buen día de febrero de 1596, el rey Enrique IV pasaba en su calesa por delante de nuestra casa y recordando su reciente cita amorosa con Gabrielle d'Estrée, dijo a su acompanante: "Aquí yace mi corazón".

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